¿Cómo influye el uso de la
tecnología en el aprendizaje de los niños?
En esta era donde todo pasa por
las redes sociales, nuestros chicos aprenden a ser 2.0 prácticamente desde que
están en el vientre materno. ¿Cuánto
realmente los beneficia? ¿Cuánto se considera que su uso es excesivo? ¿A partir
de qué no les afecta fisiológicamente y/o cognitivamente estar expuestos a las
pantallas? ¿Cómo afecta en el desarrollo cerebral?
Por lo que sabemos un mayor tiempo de
exposición a estos dispositivos (tablets, smartphones, videojuegos y TV) está
relacionado con mayores índices de miopía, déficit de atención, obesidad y
depresión infantil. Según los datos que estamos conociendo la exposición
temprana o prolongada a estos dispositivos puede afectar la maduración de
distintas estructuras y funciones del cerebro en desarrollo. El principio que
hace que la mayoría de videojuegos, apps y programas de televisión pensadas
para niños sean tan divertidas y entretenidas es que no exigen ese nivel de
concentración del niño, sino que precisamente retroceden a su primera infancia
y atrapan su atención con movimiento, imágenes y sonidos al igual que lo hacía
el sonajero. En ese sentido lo que a muchos padres les puede parecer ayudar a
sus hijos a evolucionar hacia una atención más rápida y mejores reflejos solo
significa una involución que provoca dificultades de concentración y no
favorece la capacidad de tolerar la frustración, posiblemente la piedra angular
más importante sobre la que reside la inteligencia y la felicidad.
Mientras más temprano se inician
los niños en el uso de tecnologías digitales, menos se desarrollan las
habilidades sociales (capacidad de leer la mente del otro a través de la
mirada, lectura de claves no verbales, pragmática, empatía y la atención
espacial). También disminuye el empleo de reglas sociolingüísticas (dar las gracias,
pedir permiso, sonreír) y se privilegia el contacto social fugaz.
Antes de los cinco años, los
niños no deberían emplear dispositivos digitales como medio de entretención y/o
de comunicación. Entre los 6 y los 12 años, el empleo de dispositivos (tabletas,
smartphones, etc.) debería ser menor a dos horas por día, sumando entretención
y trabajo escolar. En adolescentes, estar conectados a redes sociales no
debería superar las tres horas por día y, en lo posible, parceladas.
Las pantallas ofrecen un material
extraordinariamente atractivo desde todo punto de vista (temática, gráfica,
sensación de control); generan una elevada expectativa frente a la recompensa
(juegos) o son muy gratificantes por su contenido (películas, series). Elevan
la liberación de una molécula llamada dopamina, que provoca goce, expectación,
interés, curiosidad. Están muchas de ellas a disposición del interesado en
cualquier lugar y en cualquier momento y sus contenidos pueden ser elegidos.
Sirven de antídoto contra el tedio, la soledad, la pena. Todo esto les otorga
una cualidad llamada “gratificación”. Son muy gratificantes, y al ser humano le
encanta lo que lo gratifica. El dilema es que si el niño, adolescente o adulto
pasa largas horas frente a una pantalla, el sistema de gratificación se
hiperactiva y se desencadena una conducta adictiva, pues el cerebro comienza a
necesitar dopamina.
Recomendaciones para padres
» Evitar el uso de cualquier
tecnología, sobre todo los celulares y la televisión, en el horario de la
comida y la mesa familiar.
» Fomentar la actividad
deportiva, al aire libre y en grupos.
» Hacer un uso responsable de las
nuevas tecnologías.
» Mantener una comunicación
mínima de al menos 15 minutos al día con los hijos. Hablar con confianza,
calidad y tiempo.
» Respetar los tiempos del juego,
de imaginación, del deporte y del sueño de los más chicos.
» El conocimiento de los
diferentes tipos de acosos (ciberbullying, grooming, sexting) ayuda a los
chicos a estar más protegidos y ser más precavidos.
» Los padres deben mostrar
interés por las nuevas tecnologías para poder guiar a sus hijos en su uso.

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