Durante los primeros meses el
bebé experimenta una vivencia de fusión con la mamá, esto consiste en un estado
de indiferenciación entre ambos. No hay diferencia yo / no yo, no hay
separación entre los cuerpos. El bebé habita literalmente en el cuerpo de la
mamá. A este proceso se lo denomina
EXTEROGESTACIÓN. El bebé se encuentra fue del útero materno pero necesita
similares cuidados a los que recibía dentro.
Por esta razón es que necesita el constante contacto con ella y es por
eso que muchas veces lloran cuando se los apoya en la cuna o dejan de sentir el
contacto con los brazos. Este contacto
le genera al bebé protección, confianza y seguridad, similar al que sentía
dentro de la panza de su mamá.
Este proceso, es un proceso largo
y que requerirá tiempo, pero es parte del desarrollo evolutivo, para que luego
ese bebé se convierte en un ser autónomo.
Al cabo de unos meses irás
notando como cada vez, al ser más independiente, el bebé tiene menos necesidad
de estar en brazos y solo lo pedirá cuando se sienta temeroso o desprotegido.
En cuanto el bebé logre ser un
ser autónomo, que puede trasladarse por sus propios medios (reptar, gatear o
caminar) y cuando ya comienza a diferenciarse de un ser distinto a su mamá,
verán como esta dependencia absoluta comienza a desaparecer o a manifestarse en
menor medida.
Por eso siempre que lo necesite y
lo requiera álzalo en brazos… No lo estás malcriando, lo estás educando…

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