Se le denomina estimulación porque su finalidad es
desarrollar al máximo las capacidades psíquicas, motrices, emocionales y
sociales de los menores; y temprana porque se pretende aprovechar la capacidad
de adaptación y la facilidad para el aprendizaje que caracterizan al cerebro de
los bebés/niños de entre 0 y 6 años.
Su importancia radica en que en esta franja de edad se
desarrollan y maduran habilidades cognitivas, emocionales y físicas que
resultan fundamentales para el correcto funcionamiento biopsicosocial del
menor, como son: el lenguaje, la memoria, la percepción, el sentido espacial,
la motricidad, el razonamiento… Podría decirse que a estas edades el Sistema
Nervioso Central es como una esponja.
En esta etapa (especialmente entre los 0 y 4 años), se
forman las principales conexiones neuronales, lo que convierte al cerebro en un
mecanismo cognitivo moldeable que acomodará los nuevos aprendizajes con mucha
mayor facilidad que cuando, a posteriori, los circuitos encargados del
aprendizaje ya se han consolidado, modificándose con mayor lentitud a medida
que se avanza en edad.
Hoy en día existen Programas de Estimulación Temprana que
son empleados por profesionales tanto en niños/as con discapacidad como en
menores con un cociente intelectual medio o alto.
Los objetivos fundamentales son que el niño/a comprenda y se
exprese, controle sus movimientos (motricidad fina y gruesa), regule sus
emociones, desarrolle o potencie su capacidad intelectual y se desenvuelva con
una autonomía lo más cercana posible a su edad cronológica.
Los expertos afirman que la estimulación temprana conlleva
cambios que se ven favorecidos por la intensa plasticidad neuronal ocurrida
durante estas edades (0-6 años) y que su correcto aprovechamiento supone
convertirse en un adulto con cualidades cognitivas que benefician la calidad de
vida (ámbito académico, laboral, personal…), como dijo Albert Schweitzer:
“aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida”

No hay comentarios.:
Publicar un comentario