miércoles, 25 de julio de 2018

Los celos infantiles


Este es un tema polémico que genera mucha tensión, ansiedad, miedos, temores y estrés en las familias.  Veamos que sucede…
Los celos pueden definirse como un estado subjetivo caracterizado por una sensación de frustración al creer que ya no somos correspondidos emocionalmente por las personas queridas (padres, parejas...) o, al menos, con la intensidad y frecuencia que deseamos o necesitamos.
Muchas son las causas que pueden disparar los celos. En la infancia es habitual la aparición de celos tras el nacimiento de un hermanito
Dar la noticia de la llegada de un hermano a un niño de dos a tres años puede ser fácil, pero también frustrante. Los padres nos planteamos preguntas del tipo: ¿Cuándo y cómo decírselo para que lo entienda y no se sienta destronado? ¿Qué hacer para que no tenga celos del bebé? No hay que preocuparse en exceso: en la mayoría de los casos, los celos no son ni tan graves ni tan duraderos como los padres pensamos. Es la forma que tiene el pequeño de expresar sus sentimientos por los cambios, y lo habitual es que desaparezcan cuando se acostumbre a ellos.
Este sentimiento es normal y necesario: un niño que no expresa ningún tipo de celo, por pequeño que sea, puede que esté escondiendo algún otro problema.
El niño pasará por tres etapas antes de aceptar a su nuevo hermano:
1.       Protesta. Es la etapa inicial. El pequeño utilizará todo lo que tenga a mano para recuperar esa atención de los padres que antes conseguía sin ningún esfuerzo.
2.       Desesperación. Ante la falta de respuesta a sus demandas (su hermano sigue en casa) se desespera y puede mostrar cierta ansiedad.
3.       Adaptación. Por fin, el pequeño se resigna y poco a poco se va acostumbrando a la nueva situación.
Una responsabilidad de los papás es darle herramientas para que “el mayor”, a su corta edad, pueda hacerse a la idea que “ser más grande” es también un valor dentro de la familia. De este modo el nacimiento de un hermano, gran acontecimiento familiar, no será vivido como una pérdida sino como una ganancia.
Ayudarlo a darse cuenta de que él va a ser el más grande y que podrá hacer un montón de cosas que el hermanito aún no.
Siempre es bueno tratar de incluir al hermano mayor en tareas que puedan acercarlo al bebé y dedicar tiempos exclusivos para cada uno.
Es recomendable poder habilitar un tiempo y un espacio para expresar estos sentimientos, facilitando situaciones como estas:
- “Entiendo que estés preocupado porque mamá no está jugando todo el tiempo con vos, pero quiero que sepas que te quiero mucho, que a veces cuando vos tenés ganas de que te preste atención estoy con el bebé para amamantarlo, cuidarlo, cambiarlo como lo hacía con vos cuando eras bebé, pero que también tengo ganas de que estemos juntos…”
- “Te propongo jugar a algo, así apenas el bebé se duerme lo jugamos juntos, ¿sí?”
- “¿Qué tenés ganas de comer? ¿Me ayudas a prepararte algo rico?”
- “Sé que tuviste que esperar, pero mamá también tenía muchas ganas de estar con vos a solas, y ¡ahora es el momento!”
En definitiva, garantizarle al niño que el amor no está en juego, y que su mamá está igualmente atenta y disponible más allá de que prácticamente no puede estar tanto tiempo con él como antes y en el momento exacto que demanda.

A nivel general exponemos una serie de orientaciones para minimizar las conductas celosas entre hermanos:

Es fundamental establecer un equilibrio en el trato a los diferentes hermanos de forma que no haya un trato de preferencia hacia ninguno de ellos ni se establezcan comparaciones.
Siempre es más eficaz alabar los aspectos positivos que recriminarle los negativos.
Delante conductas celosas (rabietas, desobediencia, negativismo, etc...) puede aplicarse la retirada de atención o alguna de las técnicas conductuales que se utilizan en la modificación de conducta. Si los celos suponen un reclamo de atención emocional, debemos ser capaces de dársela contingentemente a las conductas deseadas o positivas, nunca tras los episodios de celos.
Aumentar el tiempo en actividades y juegos de toda la familia es buen método para mejorar la comunicación y estrechar lazos.
Responder con tranquilidad a los episodios celosos, sin estridencias ni recriminaciones, comunicarle al niño nuestra decepción por su comportamiento y dejar de prestarle atención. Posteriormente cuando se tranquilice y, según la edad, podemos intentar razonar lo ocurrido y darle la atención emocional. No obstante, “razonar” con el niño celoso (aunque tenga edad suficiente para comprender nuestros argumentos) no funcionará siempre. Debemos entender sus conductas como síntoma de un malestar y no desde la perspectiva adulta.
Cuando los celos son del hermano mayor hacia otro de edad inferior puede resultar útil irle recordando de forma sutil las ventajas y “privilegios” que tiene al ser mayor (por ejemplo: acostarse más tarde o poder realizar ciertas actividades). También, para los niños a partir de los 3/4 años aproximadamente puede ser útil darles cierto protagonismo respecto a los cuidados hacia el hermano pequeño y la importancia de su ayuda para la familia. A estas edades puede ser insoportable perder todo el protagonismo debido al recién llegado. Es frecuente que las diferentes personas y familiares que visitan al bebé le dediquen una atención casi exclusiva quedando en segundo término el hermano y acrecentando sus celos.
La relación entre hermanos tiene su propio ciclo de desarrollo. Si el clima familiar es emocionalmente estable y equilibrado, los celos puntuales, normalmente son superados y no presentan mayores problemas.

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