Este es un tema polémico que
genera mucha tensión, ansiedad, miedos, temores y estrés en las familias. Veamos que sucede…
Los celos pueden definirse como
un estado subjetivo caracterizado por una sensación de frustración al creer que
ya no somos correspondidos emocionalmente por las personas queridas (padres,
parejas...) o, al menos, con la intensidad y frecuencia que deseamos o
necesitamos.
Muchas son las causas que pueden
disparar los celos. En la infancia es habitual la aparición de celos tras el
nacimiento de un hermanito
Dar la noticia de la llegada de
un hermano a un niño de dos a tres años puede ser fácil, pero también
frustrante. Los padres nos planteamos preguntas del tipo: ¿Cuándo y cómo
decírselo para que lo entienda y no se sienta destronado? ¿Qué hacer para que
no tenga celos del bebé? No hay que preocuparse en exceso: en la mayoría de los
casos, los celos no son ni tan graves ni tan duraderos como los padres
pensamos. Es la forma que tiene el pequeño de expresar sus sentimientos por los
cambios, y lo habitual es que desaparezcan cuando se acostumbre a ellos.
Este sentimiento es normal y
necesario: un niño que no expresa ningún tipo de celo, por pequeño que sea,
puede que esté escondiendo algún otro problema.
El niño pasará por tres etapas
antes de aceptar a su nuevo hermano:
1. Protesta.
Es la etapa inicial. El pequeño utilizará todo lo que tenga a mano para
recuperar esa atención de los padres que antes conseguía sin ningún esfuerzo.
2. Desesperación.
Ante la falta de respuesta a sus demandas (su hermano sigue en casa) se
desespera y puede mostrar cierta ansiedad.
3. Adaptación.
Por fin, el pequeño se resigna y poco a poco se va acostumbrando a la nueva
situación.
Una responsabilidad de los papás
es darle herramientas para que “el mayor”, a su corta edad, pueda hacerse a la
idea que “ser más grande” es también un valor dentro de la familia. De este
modo el nacimiento de un hermano, gran acontecimiento familiar, no será vivido
como una pérdida sino como una ganancia.
Ayudarlo a darse cuenta de que él
va a ser el más grande y que podrá hacer un montón de cosas que el hermanito
aún no.
Siempre es bueno tratar de
incluir al hermano mayor en tareas que puedan acercarlo al bebé y dedicar
tiempos exclusivos para cada uno.
Es recomendable poder habilitar
un tiempo y un espacio para expresar estos sentimientos, facilitando
situaciones como estas:
- “Entiendo que estés preocupado
porque mamá no está jugando todo el tiempo con vos, pero quiero que sepas que
te quiero mucho, que a veces cuando vos tenés ganas de que te preste atención
estoy con el bebé para amamantarlo, cuidarlo, cambiarlo como lo hacía con vos
cuando eras bebé, pero que también tengo ganas de que estemos juntos…”
- “Te propongo jugar a algo, así
apenas el bebé se duerme lo jugamos juntos, ¿sí?”
- “¿Qué tenés ganas de comer? ¿Me
ayudas a prepararte algo rico?”
- “Sé que tuviste que esperar,
pero mamá también tenía muchas ganas de estar con vos a solas, y ¡ahora es el
momento!”
En definitiva, garantizarle al
niño que el amor no está en juego, y que su mamá está igualmente atenta y
disponible más allá de que prácticamente no puede estar tanto tiempo con él
como antes y en el momento exacto que demanda.
A nivel general exponemos una
serie de orientaciones para minimizar las conductas celosas entre hermanos:
Es fundamental establecer un
equilibrio en el trato a los diferentes hermanos de forma que no haya un trato
de preferencia hacia ninguno de ellos ni se establezcan comparaciones.
Siempre es más eficaz alabar los
aspectos positivos que recriminarle los negativos.
Delante conductas celosas
(rabietas, desobediencia, negativismo, etc...) puede aplicarse la retirada de
atención o alguna de las técnicas conductuales que se utilizan en la
modificación de conducta. Si los celos suponen un reclamo de atención
emocional, debemos ser capaces de dársela contingentemente a las conductas
deseadas o positivas, nunca tras los episodios de celos.
Aumentar el tiempo en actividades
y juegos de toda la familia es buen método para mejorar la comunicación y
estrechar lazos.
Responder con tranquilidad a los
episodios celosos, sin estridencias ni recriminaciones, comunicarle al niño
nuestra decepción por su comportamiento y dejar de prestarle atención.
Posteriormente cuando se tranquilice y, según la edad, podemos intentar razonar
lo ocurrido y darle la atención emocional. No obstante, “razonar” con el niño
celoso (aunque tenga edad suficiente para comprender nuestros argumentos) no
funcionará siempre. Debemos entender sus conductas como síntoma de un malestar
y no desde la perspectiva adulta.
Cuando los celos son del hermano
mayor hacia otro de edad inferior puede resultar útil irle recordando de forma
sutil las ventajas y “privilegios” que tiene al ser mayor (por ejemplo:
acostarse más tarde o poder realizar ciertas actividades). También, para los
niños a partir de los 3/4 años aproximadamente puede ser útil darles cierto
protagonismo respecto a los cuidados hacia el hermano pequeño y la importancia
de su ayuda para la familia. A estas edades puede ser insoportable perder todo
el protagonismo debido al recién llegado. Es frecuente que las diferentes
personas y familiares que visitan al bebé le dediquen una atención casi
exclusiva quedando en segundo término el hermano y acrecentando sus celos.
La relación entre hermanos tiene
su propio ciclo de desarrollo. Si el clima familiar es emocionalmente estable y
equilibrado, los celos puntuales, normalmente son superados y no presentan
mayores problemas.

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