miércoles, 25 de julio de 2018

Juego Simbólico


El juego simbólico permite la exteriorización de conductas aprendidas mediante la observación pero también estimula el aprendizaje de nuevas. Asimismo facilita la expresión de sentimientos y la activación de habilidades y competencias socioemocionales, lo que aporta grandes beneficios en el proceso madurativo de los niños.
Nos referimos como juego simbólico como aquella actividad lúdica donde el niño –o incluso el adulto- representa, ensaya, proyecta, fantasea, etc, a través de juguetes o conductas de juego.
Hablamos de juego simbólico para hacer referencia al tipo de juego donde se hace uso o predominan los símbolos. Es decir, donde los objetos que utilizamos tienen un significado añadido, donde de algún modo se transforman para simbolizar otros objetos que no están ahí. Objetos, pero también conductas, cuando lo que se hace representa algo distinto, tiene significado añadido. Es cuando lo real pasa a ser imaginario, lo literal se convierte en fantasía.
¿A qué edad comienza el juego simbólico?
Se considera que la edad de inicio para el juego simbólico es a los dos años, según la madurez de cada niño. Aparece cuando este ha adquirido la capacidad simbólica, es decir, la capacidad de crear y manejar símbolos, como representantes de la realidad. El principal instrumento simbólico es el mismo lenguaje.
En el juego simbólico, el niño imita muy a menudo la vida cotidiana de los adultos, reproduce los dibujos animados o películas que ve, crea situaciones o escenarios nuevos, fruto de su cada vez más amplia imaginación. O incluso proyecta sus conflictos internos, canalizando tensiones y deseos, miedos, que representa para entender mejor.
La capacidad de simbolización empieza en el segundo año de vida, y se desarrolla a lo largo de la infancia, apoyada a través del lenguaje y de su complejidad, que también va en aumento.
Algo importante en el juego simbólico es el juego compartido. Primero con la madre, más tarde con los otros niños. El lenguaje permite llegar a acuerdos con los niños que comparten el juego. Esta colaboración se establece gracias a la implementación de un objetivo común, y a la aceptación de unas mismas normas de juego. Así, pues, conforme el niño y la niña se van haciendo mayores, el juego gana complejidad, y pasa de ser eminentemente individual a realizar-se en grupo. Un juego simbólico de grupo que va a ser crucial para el proceso de socialización.
El juego simbólico como instrumento de aprendizaje
Organizar la sala en rincones es una estrategia pedagógica que persigue el desarrollo de los distintos aprendizajes del niño en función de sus necesidades, y a la vez permite su integración. Se organizan pequeños grupos que juegan a la vez, con supervisión de sus docentes. Jugando interactúan entre sí, imitan a los adultos, se ponen en su lugar, y van co-construyendo sus propias narraciones simbólicas sobre la realidad social. Desarrollan la imaginación, la creatividad, que negocian con su pequeño grupo, a fin de crear una narración compartida. Se expresan e intercambian emociones, positivas y negativas. Se crea liderazgo, se aprende a tomar decisiones personales y en grupo. De este modo, la inteligencia emocional y la racional se van desarrollando con el sólo acto de jugar.

Ideas para estimular el juego simbólico:
 Sentarse a jugar con los chicos.
Ayudarlos a recrear momentos y situaciones.
Asegurarse de que tenga los elementos necesarios para ello.
 Beneficios del juego simbólico:
Los beneficios del juego simbólico se observan en todos los planos del desarrollo infantil, desde la psicomotricidad a la expresión de las emociones, incentivando y estimulando todo un abanico de habilidades personales y sociales de los niños a la vez que mejora su capacidad lingüística. Así pues el juego simbólico estimula el desarrollo de las funciones físicas, psíquicas, afectivas y sociales de los niños en tanto que:
1. Fomenta la imaginación y la creatividad.
2. Incentiva el aprendizaje de nuevas conductas.
3. Promueve la adquisición de habilidades y competencias sociales como el trabajo en equipo, la cooperación, la negociación, la empatía.
4. Permite la adquisición de nuevo vocabulario.
5. Libera tensiones y ayuda a exteriorizar sentimientos y emociones. Jugando a ser los niños pueden manifestar sus miedos, angustia, rabia o tristeza de un modo adecuado sin temor a que nadie les reprenda.
6. Facilita el conocimiento de sus propias posibilidades físicas desarrollando su psicomotricidad y dominio de su cuerpo.
7. Facilita el conocimiento del entorno que les rodea y el funcionamiento de las cosas.
8. Fomenta la autoestima y el autocontrol, proporciona confianza en uno mismo.
9. Estimula la curiosidad, motor de cualquier aprendizaje.
10. Ayuda a estructurar el pensamiento.

'Un niño que no juega será un adulto que no piensa' (Shchiller)

El Juego Heurístico


Heurística ​ que significa «hallar, inventar» ​ aparece en más de una categoría gramatical. Cuando se usa como sustantivo, se refiere a la disciplina, el arte o la ciencia del descubrimiento.
El juego heurístico es un juego libre y sensorial. Es por este motivo que lo clasifico en la pedagogía Montessori pero podría encajar perfectamente en la Waldorf.  En realidad, fue Elinor Goldshmied quien lo puso en práctica.
Los niños serán los protagonistas de la actividad, prueban, experimentan, combinan, inventan, etc.  Es una actividad donde se fomenta la curiosidad y agudiza el ingenio del niño.
Lo que necesitamos son colecciones de elementos preferiblemente naturales por las sensaciones que crean. Unas 15 o 20 de cada más o menos. En ellos experimentan diferentes texturas y la calidez de los objetos, pero si utilizas algún elemento plástico como tapones de botellas o pajitas tampoco pasa nada. No tenés que comprar nada es una actividad bastante económica que se hace con lo que tengas por casa o lo que encontréis en el campo, (piedras, ramitas, hojas).
Prepararemos el juego poniendo cada colección en una caja o cesto, de forma ordenada. A partir de aquí empieza el juego.
El juego heurístico tiene 2 fases.

1) Exploración libre del material: El niño toca, golpea, mueve de un lado al otro, saca del cesto, lo guarda, los mezcla, los combina entre sí, etc. Todo esto lo hará sin ser interrumpido. Dejemos que su imaginación vuele.
2) Cuando el juego pierde interés, por cansancio, aburrimiento, etc. El niño guardará todo en su lugar. De esta forma adquiere hábitos para un futuro. Además los niños de 2 a 3 años están en un período sensible en el que recoger y ordenar es algo que les sale solo, sin esfuerzo de aprenderlo a hacer.
¿Qué aprende el niño con el juego heurístico?
-Coordinación, ojo, mano. Refuerza su psicomotricidad fina.
-Relación causa y efecto, curiosidad y experimentación.
-Clasificar y hacer series
-Desarrollo sensorial a través del tacto.
-Y conceptos básicos en vivo y en directo como: Arriba/abajo o dentro/fuera.
-Favorece la concentración.
-Aprende a ordenar de forma natural. Como si fuera otro juego.

Estimulación Temprana o Adecuada


Se le denomina estimulación porque su finalidad es desarrollar al máximo las capacidades psíquicas, motrices, emocionales y sociales de los menores; y temprana porque se pretende aprovechar la capacidad de adaptación y la facilidad para el aprendizaje que caracterizan al cerebro de los bebés/niños de entre 0 y 6 años.
Su importancia radica en que en esta franja de edad se desarrollan y maduran habilidades cognitivas, emocionales y físicas que resultan fundamentales para el correcto funcionamiento biopsicosocial del menor, como son: el lenguaje, la memoria, la percepción, el sentido espacial, la motricidad, el razonamiento… Podría decirse que a estas edades el Sistema Nervioso Central es como una esponja.
En esta etapa (especialmente entre los 0 y 4 años), se forman las principales conexiones neuronales, lo que convierte al cerebro en un mecanismo cognitivo moldeable que acomodará los nuevos aprendizajes con mucha mayor facilidad que cuando, a posteriori, los circuitos encargados del aprendizaje ya se han consolidado, modificándose con mayor lentitud a medida que se avanza en edad.
Hoy en día existen Programas de Estimulación Temprana que son empleados por profesionales tanto en niños/as con discapacidad como en menores con un cociente intelectual medio o alto.
Los objetivos fundamentales son que el niño/a comprenda y se exprese, controle sus movimientos (motricidad fina y gruesa), regule sus emociones, desarrolle o potencie su capacidad intelectual y se desenvuelva con una autonomía lo más cercana posible a su edad cronológica.
Los expertos afirman que la estimulación temprana conlleva cambios que se ven favorecidos por la intensa plasticidad neuronal ocurrida durante estas edades (0-6 años) y que su correcto aprovechamiento supone convertirse en un adulto con cualidades cognitivas que benefician la calidad de vida (ámbito académico, laboral, personal…), como dijo Albert Schweitzer: “aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida”

Estimulación Cognitiva


La estimulación cognitiva engloba todas aquellas actividades que se dirigen a mantener o a mejorar el funcionamiento cognitivo en general mediante ejercicios de memoria, percepción, atención, concentración, lenguaje, funciones ejecutivas (solución de problemas, planificación, razonamiento, control…), praxias, funciones viso espaciales, etc., por medio de programas estructurados de estimulación.
Consiste en estimular y mantener las capacidades cognitivas existentes, con la intención de mejorar o mantener el funcionamiento cognitivo y ralentizar el deterioro que se produce.
A medida que cumplimos años nuestro organismo cambia por dentro y por fuera. Todos vemos en mayor o menor medida, como algunas de las capacidades cognitivas han ido menguando con el paso del tiempo y de diferente manera en cada persona: un deterioro más rápido o más lento, distinto tipo de funciones cognitivas afectadas, etc.
Esos cambios que se producen a nivel cognitivo pueden ser consecuencia del paso de los años -problemas de memoria asociadas a la edad-, de un deterioro progresivo que puede acabar en demencia –deterioro cognitivo leve- o una enfermedad neurodegenerativa –demencia tipo Alzheimer, vascular o cuerpos de Lewy.
Por eso, hay que tener en cuenta que la estimulación cognitiva que se realiza no puede ser la misma con todas las personas, es importante que los profesionales de este campo, los neuropsicólogos, realicen una evaluación y valoración de las áreas cognitivas mediante unas pruebas avaladas científicamente, y después establecer los ejercicios adecuados al nivel cognitivo y motivaciones de cada persona.
En la estimulación cognitiva es imprescindible trabajar sobre las capacidades que aún se conservan en la persona y no las que ya se ha perdido, para evitar su  frustración. De esta manera, además de mejorar su funcionamiento, se contribuye a una mejora global de la conducta y estado de ánimo como consecuencia de una mejora de autoeficacia y de la autoestima.

El lenguaje en los niños


Los niños utilizan el lenguaje para comunicarse, de igual manera que hacen los adultos. Desde la más temprana edad, el niño aprende a identificar los sonidos y su significado, e incluso a distinguir el tono con el que se le habla. Hacia los nueve meses, el bebé sabe si sus padres están enfadados o si le tratan con afecto y cariño.
En cuanto a los bebés, los padres son los principales y mejores estimuladores de su lenguaje. Son también los grandes responsables del aprendizaje del bebé por su equilibrio afectivo y su adaptación social.
Los primeros 3 años de vida, cuando el cerebro está en proceso de desarrollo y maduración, es el período más intensivo en la adquisición de las habilidades del habla y el lenguaje. Estas habilidades se desarrollan mejor cuando el niño está expuesto consistentemente a un mundo lleno de imágenes, sonidos y al habla y el lenguaje de los demás.
No todos los niños desarrollan las habilidades del habla y el lenguaje de la misma manera. Sin embargo, todos los niños siguen una progresión natural o una serie de etapas para dominar las habilidades del lenguaje. Más adelante encontrará una lista de las etapas del desarrollo normal de las habilidades del habla y el lenguaje en los niños, desde recién nacidos hasta los 5 años de edad.
¿Cuál es la diferencia entre trastornos del habla y trastornos del lenguaje?
Los trastornos del lenguaje incluyen problemas para entender lo que otros dicen (lenguaje receptivo) o dificultad para compartir ideas (lenguaje expresivo). El trastorno específico del lenguaje, TEL (Specific Language Impairment, SLI) es una limitación que demora el dominio de las habilidades del lenguaje. Algunos niños con un trastorno específico del lenguaje podrían tardarse para comenzar a hablar hasta los tres o cuatro años de edad.
Los niños que tienen dificultad para producir correctamente los sonidos del habla, o que dudan o tartamudean al hablar, podrían tener un trastorno del habla. La apraxia del habla es un trastorno que dificulta la unión de sonidos y sílabas en el orden correcto para formar palabras.

Diferencias entre  la voz, el habla y el lenguaje
La voz, el habla y el lenguaje son las herramientas que utilizamos para comunicarnos con los demás.La voz es el sonido que hacemos cuando el aire de los pulmones pasa a través de los pliegues vocales en la laringe haciéndolos vibrar.
El habla es la acción de hablar, o sea una de las formas en que expresamos nuestra lengua. Incorpora la coordinación precisa de acciones musculares de la lengua, los labios, la quijada y el tracto vocal para producir los sonidos reconocibles que constituyen el lenguaje.
El lenguaje es un conjunto de normas compartidas que permiten a la gente expresar sus ideas de modo lógico. El lenguaje puede expresarse en forma oral (verbal) o por escrito, o mediante señas u otros gestos, por ejemplo, parpadeando o moviendo la boca.

El juego


La importancia del juego en el desarrollo del niño
Al jugar, el niño desplaza, al exterior sus miedos, angustias, y problemas internos, dominándolos mediante la acción. Repite en el juego todas sus situaciones excesivas, aquellas placenteras como las que no.  A través de la actividad lúdica el niño manifiesta sus conflictos, y de este modo podemos reconstruir su pasado, así como en el adulto lo hacemos a través de las palabras. Esta es una prueba convincente de cómo el juego es una de las formas de expresar conflictos pasados y presentes.
Los niños necesitan estar activos para crecer y desarrollar sus capacidades, el juego es importante para el aprendizaje y desarrollo integral de los niños puesto que aprenden a conocer la vida jugando.
A través del juego los niños buscan, exploran, prueban y descubren el mundo por sí mismos, siendo un instrumento eficaz para la educación.


Beneficios del juego infantil
El juego infantil es una actividad que se realiza por placer, se elige con libertad y requiere de una participación activa del pequeño. Así lo asegura el pediatra y puericultor Juan Fernando Gómez Ramírez, quien además explica que jugar favorece el desarrollo social y la actividad y está en la base misma de la cultura.
v  Es indispensable para la estructuración del yo.
v  Permite al niño conocer el mundo que le rodea y adaptarse a él, ya que durante el mismo juego el menor crea mecanismos para adecuarse a cada situación y comportarse en ellas con mayor facilidad.
v  Enriquece la imaginación y promueve los procesos creativos.
v  Desarrolla y ejercita la observación, la atención, la concentración y la memoria.
v  Favorece la sociabilidad temprana y las habilidades de comunicación social.
v  Enseña a respetar las reglas.
v  Permite experimentar temores y frustraciones, así como triunfos y derrotas.
Sigmund Freud explicó que los niños no juegan solo para repetir situaciones placenteras, sino también para elaborar las que les resultaron dolorosas o traumáticas. Por todos estos motivos, los juegos son un asunto serio para los más pequeños. Y eso se hace visible cuando uno comprueba la seriedad con que ellos afrontan sus juegos.

Cómo cambia el juego con la edad del niño:
Los juegos cambian a medida que el niño crece. El pedagogo Jean Piaget estableció una serie de tres estadios evolutivos en la infancia según la forma de juego dominante. Son los siguientes:

Estadío sensorio motor:
 Transcurre desde el nacimiento hasta los dos años de edad. Los juegos que predominan en esta etapa son los de ejercicio o funcionales: repetir una y otra vez una acción por el puro placer del resultado inmediato que obtienen. Estos juegos pueden efectuarse con objetos, con el propio cuerpo o con otras personas. Incluso sus primeros balbuceos son sonidos repetitivos que al bebé le resultan graciosos y, por lo tanto, le gusta repetirlos.
Estadío pre operacional:
 Tiene lugar entre los dos y los seis años de edad. El juego propio de este tiempo es el de tipo simbólico, es decir, el consistente en simular acciones, objetos y personajes que no están presentes en el momento del juego. Por eso también se llama juego de ficción. Es el más típico y característico de la infancia.
Estadío de las operaciones concretas:
 Es la última etapa de la infancia, de los seis a los doce años de edad. Se impone el juego de reglas. Si bien las reglas ya aparecen en los juegos simbólicos, en este caso tienen un carácter más firme y ajeno a los niños: en el escondite o el "corre que te pillo", las normas se presentan como verdades absolutas, ajenas al acuerdo entre los jugadores. Cada menor cree que la forma que él conoce del juego es la única que existe.

El ciclo sueño-vigilia en niños


Un aporte esencial de la neurociencia al desarrollo infantil está relacionado con la cantidad y calidad del sueño. Se solía pensar que el sueño era un momento en el que el cerebro se tomaba un descanso, disminuyendo su actividad. En realidad, algunas partes de nuestro cerebro son más activas durante el sueño que cuando estamos despiertos, por lo que el sueño no debe considerarse como simplemente un período de descanso, sino también como un momento para un proceso cognitivo en el cual las actividades de ciertas regiones cerebrales desempeñan un papel decisivo en el aprendizaje y la memoria lo largo de la vida.
Los aprendizajes aunque mediados principalmente por factores ambientales, tienen efectos directos en la consolidación estructural y funcional del cerebro. En este sentido, el sueño es considerado un agente importante tanto para el desarrollo y funcionamiento del cerebro cuanto para el afianzamiento de aprendizajes, ya de carácter bioquímico. La consolidación de la memoria de largo plazo se realiza cuando el cerebro pasa por el sueño profundo (REM) y esto se da desde la primera infancia.
Al igual que la nutrición, el sueño también afecta nuestro organismo y nuestra calidad de vida, dado que la falta de sueño afecta el funcionamiento de la circulación, aumentando el riesgo de infarto y todas las enfermedades del corazón, aumenta la presión sanguínea, el riesgo de diabetes, derrame cerebral, etc. Específicamente en cuanto al funcionamiento cerebral y nuestras funciones mentales, la falta de sueño disminuye la memoria, la atención, nos hace tomar peores decisiones y hace que seamos más propensos a sufrir de depresión y que seamos más lentos en reaccionar. Así, no es de sorprender que un niño que no duerme adecuadamente no sea capaz de aprender adecuadamente, dado que se ha comprobado que durante el sueño profundo se consolidan los aprendizajes y se procesan las experiencias del día.
Aunque es importante entender que los niños pequeños necesitan dormir más horas que los adultos, la cantidad de sueño estará relacionada a las necesidades individuales de cada niño y niña. En las investigaciones acerca del sueño, se pueden llegar a algunas conclusiones con relación al número de horas de sueño (entre sueño nocturno y siestas) durante las 24 horas del día, que no son una regla sino unos lineamientos de referencia:
   Niños y niñas entre 6 y 12 meses: 14 a 15 horas de sueño por día, con dos o tres siestas por la mañana y tarde; •  Niños y niñas entre 1 y 2 años de edad: de 12 a 14 horas de sueño por día, con dos siestas por la mañana y tarde. •  Niños y niñas de 3 a 6 años: de 10 a 12 horas de sueño por día. Los más pequeños con una siesta, normalmente por la tarde, y los mayores de 4 años van perdiendo la necesidad de siesta.
Asimismo, es importante resaltar aspectos vinculados con la higiene del sueño, como un ambiente ventilado, libre de “ruidos sensoriales”, en oscuridad y silencio. Para los niños y niñas, además, se sugiere crear una rutina o ritual para la hora de dormir, conservando los horarios y las actividades previas. El sueño óptimo prepara al infante para aprender cuando despierto, y después de que el aprendizaje ha ocurrido durante la vigilia, los procesos centrales de memoria siguen durante el sueño, en demostración que el cerebro sigue trabajando mientras dormimos.
 Es muy importante que se consideren las necesidades de sueño de los niños y niñas en las diferentes etapas en que se encuentran. Dormir para un niño o niña que lo necesita es tan importante que estar alerta jugando. La cantidad de tiempo que necesita dormir un niño o niña puede estar vinculada a varios factores, entre ellos fisiológico, necesidad de descanso, o nutricional, por tener déficit en algún nutriente o estar por momentos muy prolongados de ayuno. Es en este momento que el adulto responsable debe identificar  las diferentes situaciones y necesidades de manera individual.